Un poco de historia
No es fácil precisar cuándo comienza Valiván. Es necesario retroceder a la infancia de Iván y Valeria. Sin conocerse aún, cada uno, en sus respectivos hogares, ya jugaba con títeres. Valeria y su hermana Alina, muñecos en mano, pasaba horas inventando cuentos encantados. titeres Su primer teatrillo lo hizo su padre y su primer y más entusiasta público fue su madre, que miraba divertida las escenas desde que se descorrían las cortinillas. La infancia de Valeria transcurrió entre excelentes lecturas que proporcionaban los padres, en una época en la que la televisión no era omnipresente como hoy. Iván, por su parte, disponía de un gran sótano, que arreglaba como sala de espectáculos para recibir a los niños del barrio. titeres papa Tras cobrar una entrada simbólica consistente en canicas o chucherías, las luces se apagaban y el espectáculo comenzaba. Las carcajadas del abuelo, director de teatro aficionado, eran su mejor premio.   Pasaron los años, Valeria e Iván se hicieron grandes y los títeres dejaron paso a cosas más serias, como el estudio del diseño industrial. Sus vidas se encontraron en la universidad y afloró poco a poco la vocación dormida, hasta que el anhelo de recorrer pueblos de plaza en plaza, muñecos y escenografías a cuestas, fue tan fuerte, que hizo imposible dedicarse a otra cosa. El corazón gritaba: “Dios os pide que seáis fieles a aquello para lo que os pensó”. Se resistían: “Señor, es un trabajo inseguro, no tiene valoración social, ¿cómo mantendremos a los hijos?” Pensamientos y temores humanos, por cierto, pues para Dios nada es imposible. Mientras el mundo muestra la puerta ancha: dinero, prestigio, comodidad; el Señor indica la otra puerta: estrecha, pero deliciosamente realizadora. Venció el Señor y se lanzaron: ya casados, hicieron una consagración a la Virgen: consagración -“Mater, te consagramos nuestras vidas y nuestro trabajo profesional, no nos dejes trabajar en nada que no sea evangelizador" - . No sabían bien lo que pedían: al otro día les despidieron del canal de televisión en el que trabajaban exitosamente, en un programa nada evangelizador. Desde entonces, toda su vida ha sido llevada, paso a paso, por un sabio plan muy evidente:- “Un plan que no siempre obedecemos, pues somos instrumentos libres. Si dejamos hacer, las cosas van bien, si olvidamos las promesas, las cosas se tuercen, pero el Señor siempre da otra oportunidad demostrando su gran misericordia. En EWTN hemos encontrado la comprensión y afinidad que no hubiéramos encontrado en ningún otro medio. El Señor no conduce al abismo, sino a la vida. Nuestra fe no es triste y represora, sino alegre y esperanzada. Lo que expresamos no es otra cosa que lo que vivimos”. - Pero lo más sorprendente de esta historia, es que los hijos, sin ser coartados en su libertad, han ido sumándose al proyecto, enriqueciéndolo con sus talentos propios. Hay músicos, actores, ilustradores, animadores, guionistas, etc.,- “Si esto no es una respuesta del Señor a nuestra consagración, no sabemos qué puede serlo”- La familia Olguín Mesina, pertenece al Movimiento Apostólico de Schoenstatt.